Se sugiere realizarlo en día domingo en que recordamos la Pascua del Señor y el envío de su Espíritu. O cuando sienta el llamado a hacerlo. Al Espíritu Santo, con María, le suplicamos: Lave lo que esté manchado, Riegue lo que esté reseco, Sane lo que esté enfermo, Doblegue lo que esté rígido, Caliente lo que esté frío, Enderece lo que esté desviado, y dé los Siete Santos Dones...
Primer Misterio
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» (Lc. 1,26-28)
Segundo Misterio
(Lc. 3,21-22)
Tercer Misterio
Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu. (Jn. 19,30)
Cuarto Misterio
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. (Jn. 20,22)
Quinto Misterio
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.» Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?» Otros en cambio decían riéndose: «¡Están llenos de mosto!» (Hch. 2,1-13)